lunes, 6 de mayo de 2013

El León esta suelto o la metáfora acerca de un programa de TV

El siguiente cuento es de Efrain Efraim Kishón (en hebreo: אפרים קישון; nacido como Ferenc Hoffmann en Budapest, Hungría el 23 de agosto de 1924 - fallecido en Appenzell, Suiza, el 29 de enero del 2005), escritor, humorista satírico, dramaturgo y cineasta israelí. Fue el primer director de cine israelí cuyas películas fueron nominadas al Oscar y ganaron el Globo de Oro (Sallah Shabati en 1965 y Ha-Shoter Azulai en 1972). En el 2002 recibió el Premio Israel por sus aportes a la sociedad.

El león está suelto

Un día el empresario Jehuda Sulzbaum tuvo la fulmi­nante ocurrencia de traer a Israel a los más famosos domadores de leones del mundo junto con sus números de doma, y organizar en el estadio de Ramat Gan veinticinco representaciones de gala. Puesto que era un hombre de decisiones rápidas, voló inmediatamente a los Estados Unidos, donde en poco tiempo consiguió cerrar contrato con nada menos que nueve prominentes repre­sentantes de la profesión de domador. Su cálculo fue tan sencillo como realista:

Transporte aéreo para 9 domadores y
83 leones a Tel-Aviv (20 aviones)                                              54,000 lib. isr.
Alojamiento y pensión completa en                            
el Sharon Hotel (25 días)                                                          750,000 lib. isr. 
Alquiler del estadio para 25 noches                                          25,000 lib. isr.
Gastos imprevistos                                                                           200 lib. isr.

Suma total                                                                                   829,200 lib. isr.

El estadio tiene cabida para cuarenta mil espectadores, por lo tanto en veinticinco noches suman aproximadamente un millón. En un precio de entrada de cinco libras resultan cinco millones, por lo tanto una ganancia neta de más de cuatro millones de libras.
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En los periódicos aparecieron extensos anuncios sobre el espectáculo, especialmente sobre el león astro Beigele, que sólo entendía iddisch. Para los fotógrafos de la prensa fue un día de fiesta cuando los leones llegaron al aeropuerto de Lydda y fueron escoltados por columnas blin­dadas, especialmente contratadas para ello, hasta el Sharon Hotel. A la noche tuvo lugar, para festejar la ocasión, un gran banquete, en el cual participaron numerosos miembros del gobierno, todo el cuerpo diplomático y nu­merosas personalidades de la vida pública. El Ministro del Interior brindó con un toast por Jehuda Sulzbaum, lo comparó con sus grandes colegas norteamericanos y finalmente lo llamó el "Sol Hurok del Cercano Oriente". Un portavoz de los huéspedes explicó en un emocionado discurso que se había cumplido el viejo sueño de todos es domadores de leones: por fin estaban en la India y podían ir a cazar tigres...
En la cocina del hotel fueron preparados, para alimen­tar a los leones, diez camellos y treinta asnos.

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Doscientos reflectores arrojaban su brillante luz sobre los veinte mil concurrentes al estreno de gala en el esta­dio. Según el programa, la apertura solemne de la noche correspondía al alcalde de Ramat Gan: este debía entrar en la jaula de los leones, levantar un látigo con mango de oro y hacerlo restallar una vez. Por alguna razón el alcalde rechazó este procedimiento, hizo restallar el látigo afuera, delante de la jaula, y alcanzó en la nuca a la esposa del embajador italiano, a la que hubo que llevar inmediatamente a la improvisada enfermería y aten­derla. Después de este pequeño incidente comenzó la representación. Vinieron leones, saltaron a través de aros en llamas, caminaron sobre una cuerda, se subieron sobre unos banquitos, se pararon sobre sus patas traseras y sostuvieron pequeñas banderas azules y blancas en las garras. Aplauso tempestuoso. Luego vinieron otros leones, salta­ron a través de aros en llamas, caminaron sobre cuernas, se subieron a unos banquitos y sostuvieron pequeñas banderas azules y blancas en las garras... Luego vinieron más leones... más aros en llamas... cuerdas... banqui­tos... pequeñas banderas azules y blancas... Todo el espectáculo duró más de seis horas, pero ya después de cuatro pudo observarse entre los espectadores ciertos signos de cansancio. Y algunos de los niños presentes arrojaron cáscaras de naranja a los leones, aros y cuerdas.
La noche siguiente mostró una fuerte disminución en el número de espectadores. A diferencia de los respetables 20.000 del estreno, a la segunda noche vinieron sólo 1.412 espectadores, a la tercera sólo 407, a la cuarta 18, y a la quinta 7 (incluso los cuatro policías). Los ingresos estaban lejos de cubrir los gastos.
Jehuda Sulzbaum, el empresario, se encontró en una situación desagradable. Sus contratos comprendían veinte noches más, pero él no podía pagar ni los domadores ni la cuenta del hotel. Además los domadores se sentían engañados, porque veían destruidas sus esperanzas de hacerse ricos en la India, y los leones estaban desenga­ñados, porque no recibían suficiente para comer. Al sexto día les fueron servidos todavía tres camellos y nueve asnos, al séptimo sólo seis asnos, lo que para ochenta y tres leones es demasiado poco. Las hambrientas bestias estallaron en horribles rugidos, lo que molestó sensible­mente a los huéspedes del hotel.
A los diez días la dirección del Sharon Hotel comu­nicó al empresario Sulzbaum que iba a desalojar a los leones junto con sus domadores si no pagaba dentro de cuarenta y ocho horas los gastos devengados. Sulz­baum, nada tonto, no se dejó apremiar. Al día siguiente los leones fueron desalojados, se dividieron en pequeños grupos y aparecieron allí donde menos se los esperaba. Cuando el senador Alfonso Goldstein, el presidente del United Jewish Appeal para Uruguay, cayó víctima de su apetito, se apoderó de la población una gran sensa­ción de horror, y la prensa exigió una inmediata inter­vención de la policía. La policía explicó que no tenía nada que ver con ese problema que tenía sus causas en ciertos desacuerdos financieros, y además no tenía pre­supuesto para la caza de leones. El departamento de turismo planeó en consecuencia la organización de la caza de animales salvajes, sin embargo no llegó a ningún resultado práctico.
Después de la desaparición del empresario Sulzbaum, las autoridades sugirieron a la embajada suiza que se ocupara de la evacuación de los leones, pues éstos repre­sentaban un peligro para la vida de los ciudadanos suizos que se encontraban en Israel. Después de citar al peque­ño número de las personas de referencia, el embajador suizo rechazó la proposición. Igualmente infructuoso re­sultó un llamado dirigido al gobierno de los Estados Unidos por ayuda técnica bajo el punto 4 del programa de ayuda para los países subdesarrollados.
Mientras tanto los leones prosiguieron con sus actos irresponsables. En Herzliah devoraron en el término de un solo día 32 personas, y ocasionaron con ello grandes perjuicios al renombre de esta zona como centro de re­creación y descanso. Por su parte, los domadores se dedicaron a asaltar bancos y a robar en la calle.
Unas tres semanas más tarde en todo el país se veían leones sueltos. Uno de ellos se instaló en el edificio de la Central de Sindicatos, y devoró allí a un empleado por día sin que se advirtiera la pérdida. Sólo cuando el hombre que tenía a su cargo la provisión de té no vino más, se dieron cuenta de que tenían un león en la casa. Fue comisionado el Ejército para asegurar los edificios del gobierno y de los partidos con cercos de alambre.
Sulzbaum se encontraba para este tiempo en la Riviera y recomendó telefónicamente al Ministerio de Finanzas solventar los costos del transporte de los leones por medio de un impuesto especial al tabaco.
Finalmente el gobierno consiguió convencer a la unesco de que era asunto suyo ocuparse de los leones en virtud de la convención internacional para el impedi­mento de los asesinatos en masa. Por lo tanto un buque contratado por la unesco, bajo bandera sueca, se en­cargó de retirar los veintiún leones que todavía quedaban. Los demás se habían muerto de hambre o se habían instalado en el desierto del Negev. De los domadores, cinco sobrevivieron a los distintos tiroteos con la policía. Protestaron contra la inamistosa actitud de las autoridades, pero por otro lado afirmaron que sus leones estaban en­cantados por el gusto del público israelita.

5 comentarios:

Comandante Cansado dijo...

Muy divertido. Pequeña corrección: un ciudadano de Israel es "israelí"; "israelita" es la persona que profesa la religión israelita (judía).

HUINCA dijo...

Extraordinario. El cuento, y su elección por su parte para este momento.

"Sólo cuando el hombre que tenía a su cargo la provisión de té no vino más, se dieron cuenta de que tenían un león en la casa."

(...)

... "recomendó telefónicamente al Ministerio de Finanzas solventar los costos del transporte de los leones por medio de un impuesto especial al tabaco."

Extraordinario.

Lo replico en el fsb

Abrazo!

Udi dijo...

Efraim Kishon fue uno de los primeros escritores en lengua hebrea conocidos en traducciones al español. Gran parte de su literatura la desarrolló desde una vertiente humorística, algo irónica, pero no exenta de cierta ternura en la mirada sobre la sociedad israelí de los años '50, '60 y '70. Fue muy critico de la burocracia e "intromisión" del estado en la vida de las personas (un liberal, como quién dice) y absolutamente ciego a los sufrimientos que la creación del estado de Israel provocó en la población palestina desplazada de sus hogares a punta de pistola. (no tan liberal, como se ve...).
Salute, sin dioses, buen rescate.

Anónimo dijo...

No lo cacé, me temo. ¿ A qué programa se refiere y por qué ?

Anónimo dijo...

"Se libre de opinar lo que te plazca, siempre y cuando no sean insultos antidiluvianos."

O sea ¿ no se puede insultar contra los diluvios ? ¿ o no se pueden usar insultos antiguos ?